El sistema inmune es nuestro escudo natural frente a virus, bacterias y cualquier agente que pueda poner en riesgo nuestra salud. Sin embargo, no siempre funciona al 100 %: el estrés, la falta de sueño, el sedentarismo y, sobre todo, una mala alimentación pueden debilitarlo. La buena noticia es que lo que pones en tu plato puede marcar la diferencia.

En este artículo descubrirás cómo la nutrición influye directamente en tu sistema de defensas, qué papel juega en las enfermedades autoinmunes y cómo diseñar un menú diario que te ayude a sentirte mejor.

Nuestro sistema inmune necesita energía y nutrientes para funcionar. Piensa en él como en un ejército: las células defensivas (linfocitos, macrófagos, anticuerpos) necesitan “munición” para detectar, atacar y neutralizar patógenos. Si tu dieta es pobre en ciertos nutrientes, estas células se vuelven menos eficientes.

Los nutrientes más importantes para la inmunidad son:

  • Proteínas de calidad: Son la materia prima para producir anticuerpos y reparar tejidos. Buenas fuentes: pescado, legumbres, huevos, carne magra y frutos secos.
  • Vitaminas y minerales:
    • Vitamina C (cítricos, kiwi, pimientos): potente antioxidante y promotora de la función de los glóbulos blancos.
    • Vitamina D (pescados grasos, yema de huevo, exposición solar): regula la respuesta inmune y modula la inflamación.
    • Zinc (mariscos, semillas de calabaza, legumbres): esencial para la maduración de las células inmunitarias.
    • Selenio (nueces de Brasil, pescado): protege a las células del estrés oxidativo.
  • Ácidos grasos omega-3 (pescado azul, nueces, semillas de chía): ayudan a controlar la inflamación.
  • Fibra y prebióticos (frutas, verduras, cereales integrales): alimentan la microbiota intestinal, que es clave para una inmunidad equilibrada.

En las enfermedades autoinmunes —como lupus, artritis reumatoide, enfermedad celíaca o tiroiditis de Hashimoto— el sistema inmune ataca por error los propios tejidos. Aunque la dieta no “cura” estas condiciones, puede ayudar a:

  • Reducir la inflamación sistémica.
  • Mejorar el equilibrio de la microbiota intestinal, que juega un papel clave en la regulación de la respuesta inmune.
  • Evitar déficits nutricionales, frecuentes en estas personas por inflamación intestinal o tratamientos prolongados.
  • Promover una mejor calidad de vida, disminuyendo fatiga y mejorando el bienestar general.

Numerosos estudios han mostrado que un patrón alimentario equilibrado y rico en nutrientes puede ayudar a controlar síntomas y mejorar marcadores de inflamación en distintas enfermedades autoinmunes. Entre las más comunes:

  • Artritis reumatoide – la dieta puede disminuir dolor y rigidez articular.
  • Lupus eritematoso sistémico – ayuda a reducir el estrés oxidativo y la inflamación.
  • Enfermedad inflamatoria intestinal (Crohn y colitis ulcerosa) – favorece el equilibrio de la microbiota y reduce brotes.
  • Tiroiditis de Hashimoto – puede apoyar la función tiroidea y reducir la inflamación.
  • Psoriasis – patrones antiinflamatorios pueden mejorar la salud de la piel.
  • Esclerosis múltiple – algunas intervenciones dietéticas reducen la fatiga y la progresión de la enfermedad.
  • Enfermedad celíaca – en combinación con dieta estricta sin gluten, puede mejorar la recuperación intestinal.

Aunque la respuesta es individual y depende de cada paciente, muchas personas experimentan mejoras en energía, menor dolor y menos brotes tras adoptar hábitos alimentarios más saludables.

  1. Llena medio plato de vegetales en cada comida. Así garantizas fibra, vitaminas y antioxidantes.
  2. No olvides las proteínas: reparan tejidos y mantienen tu masa muscular.
  3. Hidrátate bien: la deshidratación afecta la función de tus células inmunes.
  4. Planifica tus comidas: evita largos ayunos si no son indicados médicamente.
  5. Cuida tu intestino: añade alimentos fermentados (yogur, kéfir, chucrut) que nutran la microbiota.

Este es un ejemplo de un día de alimentación pensada para apoyar tu sistema inmune y reducir la inflamación:

Desayuno

  • Avena cocida con bebida de almendra, canela y arándanos.
  • 1 cucharada de semillas de chía.
  • 1 yogur natural (puede ser de cabra o vegetal fermentado).

Media mañana

  • 1 puñado de nueces.
  • 1 mandarina.

Comida

  • Ensalada de hojas verdes, tomate, zanahoria y aguacate con aderezo de aceite de oliva.
  • Lentejas guisadas con verduras.
  • 1 trozo de pan integral.
  • Fruta fresca de temporada.

Merienda

  • Hummus con bastones de zanahoria y pepino.

Cena

  • Filete de salmón a la plancha con limón y eneldo.
  • Puré de brócoli y patata.
  • Infusión de cúrcuma y jengibre.

La alimentación es una de las herramientas más poderosas que tenemos para cuidar el sistema inmune. Para quienes viven con enfermedades autoinmunes, elegir bien los alimentos puede significar menos brotes, menos inflamación y una mejor calidad de vida. No se trata de dietas estrictas, sino de construir hábitos sostenibles que nutran tanto tu cuerpo como tu microbiota.

Recuerda: no existe una dieta única para todos. Consulta siempre con un nutricionista o profesional de la salud para adaptar estas recomendaciones a tu caso particular.

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