Durante mucho tiempo pensamos que los genes eran como un destino escrito en piedra: si heredabas cierta predisposición, no había mucho que hacer. Sin embargo, hoy sabemos que la historia es más matizada. Existe un campo fascinante llamado epigenética que nos enseña que, aunque no podemos cambiar las letras de nuestro ADN, sí podemos influir en cómo se leen.

Y aquí entra en juego la nutrición. Lo que comemos, cómo lo comemos y hasta cuándo lo hacemos puede dejar huellas químicas que modulan la actividad de nuestros genes. Dicho de otro modo: nuestra dieta no cambia la partitura, pero sí cómo se interpreta la música.

El ADN es como una gran biblioteca con miles de libros (los genes). Pero no todos los libros se leen al mismo tiempo ni en las mismas circunstancias. La epigenética es el conjunto de mecanismos que determinan qué genes se “encienden” o “apaguen”, y en qué medida.

Algunos de estos mecanismos son:

  • Metilación del ADN: pequeñas marcas químicas (grupos metilo) que silencian genes.
  • Modificaciones de histonas: cambios en las proteínas que empaquetan el ADN, facilitando o dificultando su lectura.
  • ARN no codificante: moléculas que regulan cómo se expresan ciertos genes.

Lo más sorprendente es que estos mecanismos son dinámicos: se adaptan al ambiente, a nuestros hábitos y, en gran medida, a nuestra alimentación.

La comida es más que calorías y nutrientes: es también información molecular. Cada vitamina, mineral o compuesto bioactivo puede interactuar con las enzimas y las rutas que regulan la epigenética.

  1. Folatos, vitamina B12, colina y metionina
    • Participan en la metilación del ADN.
    • Una dieta pobre en ellos puede alterar el silenciamiento de genes relacionados con enfermedades.
  2. Polifenoles (té verde, cacao, frutas rojas)
    • Modulan la actividad de enzimas epigenéticas.
    • Tienen efectos protectores frente a la inflamación y ciertos tipos de cáncer.
  3. Ácidos grasos omega-3 (pescado azul, nueces, semillas de lino)
    • Influyen en la expresión de genes relacionados con el sistema inmunitario y la inflamación.
  4. Compuestos de vegetales crucíferos (brócoli, coles, kale)
    • Pueden activar genes de desintoxicación celular y defensa antioxidante.

Una mujer embarazada que consume una dieta rica en folatos (como los presentes en verduras de hoja verde) puede favorecer una correcta metilación en el feto, reduciendo riesgos de alteraciones del desarrollo.

La influencia de la nutrición sobre la epigenética no se limita a la infancia. Nos acompaña en cada etapa:

  • Embarazo: la dieta materna puede dejar huellas epigenéticas que afecten la salud del hijo durante toda su vida.
  • Infancia: lo que comemos regula el crecimiento, el desarrollo cognitivo y la respuesta inmune.
  • Edad adulta: los hábitos alimenticios modulan el riesgo de enfermedades crónicas como diabetes tipo 2, cáncer o problemas cardiovasculares.
  • Vejez: una nutrición equilibrada puede ayudar a mantener la función cognitiva y ralentizar el deterioro celular.

Un aspecto aún más fascinante: algunas marcas epigenéticas pueden traspasarse de una generación a otra. Esto significa que la dieta de tus abuelos pudo influir, de alguna manera, en cómo se expresan ciertos genes en ti.

Un ejemplo histórico es el del “invierno del hambre” en los Países Bajos durante la Segunda Guerra Mundial. Los hijos de mujeres que pasaron hambre severa en el embarazo mostraron, décadas después, mayor riesgo de obesidad y enfermedades cardiovasculares. Lo que esto significa para ti

La epigenética no convierte la alimentación en una varita mágica que elimina riesgos genéticos, pero sí demuestra que tenemos margen de acción.

Algunas recomendaciones prácticas:

  1. Llena tu plato de vegetales variados: colores diferentes significan compuestos bioactivos diferentes.
  2. Incluye fuentes de omega-3 varias veces a la semana.
  3. No descuides las vitaminas B: folatos (verduras de hoja verde), B12 (huevos, lácteos, pescado), legumbres.
  4. Reduce ultraprocesados y exceso de azúcar, que alteran la regulación genética hacia la inflamación.
  5. Mantén horarios regulares de comidas, que también afectan la expresión de genes circadianos.

La investigación en epigenética y nutrición está en pleno auge. Se habla incluso de una futura nutriepigenética personalizada, donde según tu perfil genético y epigenético, se diseñe una dieta a medida para potenciar tu salud.

Por ahora, lo que sabemos confirma algo poderoso:
👉 Tu alimentación puede influir en cómo tus genes se expresan cada día.

No se trata de miedo ni obsesión, sino de comprender que comer bien es, literalmente, darle a tu cuerpo las instrucciones correctas para funcionar de la mejor manera posible.

  1. Folatos, B12 y colina
    • Están en verduras de hoja verde, legumbres, huevos y pescado.
    • Son esenciales para que los genes se “enciendan” o “apaguen” correctamente.
  2. Omega-3
    • Pescado azul, semillas de lino, nueces.
    • Reducen inflamación y ayudan a regular genes del sistema inmune.
  3. Polifenoles
    • Té verde, cacao puro, frutos rojos, aceite de oliva virgen extra.
    • Potentes moduladores epigenéticos, con efecto antioxidante.
  4. Crucíferas
    • Brócoli, coles de Bruselas, kale, coliflor.
    • Activan genes de defensa celular y desintoxicación.
  • Yogur natural con avena, fresas y nueces.
  • Una infusión verde (fuente de polifenoles).
  • Ensalada de espinacas y garbanzos con huevo duro.
  • Filete de salmón a la plancha.
  • Brócoli al vapor con aceite de oliva.
  • Crema de calabacín y puerro.
  • Tortilla de dos huevos con champiñones.
  • Una manzana.

Snacks posibles durante el día: frutos secos, té verde, una onza de cacao (mínimo 85%).

No solo cuenta qué comes, sino también cómo y cuándo:

  • Mantén horarios de comida relativamente regulares.
  • Evita cenar muy tarde: los genes circadianos también controlan el metabolismo.
  • Prioriza alimentos frescos sobre ultraprocesados: los aditivos y exceso de azúcar alteran la regulación epigenética.
  • La epigenética es la forma en que tus genes responden al ambiente.
  • La nutrición es una de las señales más potentes para “encender” o “apagar” genes.
  • Folatos, omega-3, polifenoles y crucíferas son aliados clave.
  • Un menú equilibrado y variado puede ayudarte a guiar tu expresión genética hacia la salud.

👉 Comer bien es, en parte, escribirle notas a tu propio ADN.

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