La nutrición está rodeada de consejos contradictorios, modas pasajeras y creencias que se transmiten de generación en generación. En este artículo de 10 minutos de lectura, vamos a desmentir los 10 mitos más comunes de la nutrición basados en evidencia científica actual.


El mito: Muchos creen que comer arroz, pasta o pan después de las 6 p.m. se convierte automáticamente en grasa.

La realidad: Lo que importa es el balance energético total del día. Comer carbohidratos por la noche no es diferente a comerlos por la mañana si las calorías totales están controladas. De hecho, algunas investigaciones sugieren que comer carbohidratos en la cena puede mejorar el sueño gracias al aumento de serotonina.

Referencia: Sofer S, et al. (2011). Greater weight loss and hormonal changes after 6 months diet with carbohydrates eaten mostly at dinner. Obesity, 19(10):2006–2014.

El mito: Hay quienes comparan el azúcar con drogas duras y piensan que debe eliminarse por completo.

La realidad: El problema es el consumo excesivo, no el azúcar en sí. Una dieta saludable puede incluir pequeñas cantidades de azúcar añadido sin causar daño, siempre que el resto de la alimentación sea equilibrada. Demonizar un solo ingrediente puede generar ansiedad innecesaria alrededor de la comida.

Referencia: Rippe JM, Angelopoulos TJ. (2016). Relationship between Added Sugars Consumption and Chronic Disease Risk Factors: Current Understanding. Nutrients, 8(11):697.

El mito: Se dice que comer cada 3 horas «enciende» el metabolismo y ayuda a quemar grasa.

La realidad: El metabolismo no se acelera de manera significativa por la frecuencia de las comidas. Lo que determina el gasto energético es la cantidad y calidad de los alimentos. Algunas personas prefieren comer varias veces; otras, 2 o 3. Lo importante es la adherencia y el balance calórico.

Referencia: Schoenfeld BJ, Aragon AA. (2015). How meal frequency affects body composition in humans: a systematic review. Nutr Rev, 73(2):69-82.

El mito: La grasa en la dieta se convierte en grasa corporal.

La realidad: Las grasas son esenciales para la producción de hormonas, absorción de vitaminas y salud cerebral. Lo que importa es el tipo de grasa: las insaturadas (aguacate, nueces, aceite de oliva) son beneficiosas; las grasas trans y el exceso de saturadas sí pueden ser problemáticas. Una dieta baja en grasas puede incluso afectar negativamente la salud hormonal.

Referencia: Mensink RP. (2016). Effects of Saturated Fatty Acids on Serum Lipids and Lipoproteins: A Systematic Review and Regression Analysis. World Health Organization.

El mito: Cambiar a pan integral hace que «bajes de peso automáticamente».

La realidad: El pan integral tiene más fibra y nutrientes, lo que lo hace más saludable y saciante, pero su aporte calórico es muy similar al pan blanco. Bajar de peso dependerá de un déficit calórico, no solo del tipo de pan.

Referencia: Pol K, et al. (2013). Whole grain consumption and body weight: results from a meta-analysis of observational studies. Am J Clin Nutr, 98(3):872–884.

El mito: Se cree que hay que tomar multivitamínicos, proteínas en polvo y pastillas para compensar la dieta.

La realidad: Una alimentación variada suele cubrir los requerimientos nutricionales. Los suplementos pueden ser útiles en casos específicos (déficit de vitamina D, anemia por falta de hierro, atletas con requerimientos altos), pero no son indispensables para la población general.

Referencia: Manson JE, et al. (2019). Vitamin D Supplements and Prevention of Cancer and Cardiovascular Disease. N Engl J Med, 380:33-44.

El mito: «Light» es sinónimo de sano.

La realidad: Muchos productos light reducen grasa pero aumentan azúcar para mantener sabor, o viceversa. La etiqueta «light» solo indica que tiene menos de algún nutriente en comparación con la versión regular, pero no necesariamente que sea más saludable. Leer la tabla nutricional es clave.

Referencia: Lichtenstein AH, et al. (2016). Dietary Fats and Cardiovascular Disease: A Presidential Advisory From the American Heart Association. Circulation, 135:e1–e24.

El mito: Saltarse el desayuno es malo para la salud y engorda.

La realidad: Lo importante es la ingesta total del día. Si desayunar te ayuda a tener energía y controlar el apetito, perfecto. Si no tienes hambre por la mañana, no pasa nada si lo omites. Estudios sobre ayuno intermitente muestran que saltarse el desayuno no perjudica necesariamente el metabolismo.

Referencia: Betts JA, et al. (2014). The causal role of breakfast in energy balance and health: a randomized controlled trial in lean adults. Am J Clin Nutr, 100(2):539–547.

El mito: Jugos verdes, tés y dietas detox eliminan toxinas del organismo.

La realidad: Nuestro hígado, riñones y pulmones ya cumplen esa función de desintoxicación. No existen pruebas sólidas de que los productos detox eliminen toxinas. Sí pueden aportar vitaminas y minerales, pero no son una solución mágica.

Referencia: Klein AV, Kiat H. (2015). Detox diets for toxin elimination and weight management: a critical review of the evidence. J Hum Nutr Diet, 28(6):675–686.

El mito: Comer 500 calorías de dulces es lo mismo que 500 calorías de verduras.

La realidad: Aunque energéticamente son equivalentes, el impacto metabólico es diferente. Los alimentos ricos en fibra, proteínas y micronutrientes regulan mejor el hambre, el azúcar en sangre y la salud a largo plazo. Por eso la calidad de la dieta es tan importante como la cantidad de calorías.

Referencia: Ludwig DS, Ebbeling CB. (2018). The Carbohydrate-Insulin Model of Obesity: Beyond “Calories In, Calories Out”. JAMA Intern Med, 178(8):1098–1103.

La nutrición es compleja y no hay soluciones universales. Cuestionar estos mitos es el primer paso para tomar decisiones informadas y sostenibles. En vez de seguir reglas rígidas, lo ideal es enfocarse en hábitos: comer más frutas y verduras, priorizar proteínas de calidad, elegir grasas saludables, mantenerse activo y cuidar la relación con la comida.

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