La microbiota intestinal es el conjunto de billones de microorganismos que viven en nuestro sistema digestivo. Aunque pueda sonar extraño, estas bacterias, virus y hongos son fundamentales para nuestra salud. De hecho, algunos científicos llaman a la microbiota «el segundo cerebro» porque influye en muchos aspectos de nuestro bienestar, desde la digestón hasta el estado de ánimo.

  1. Ayuda a digerir los alimentos: Algunas fibras y carbohidratos que nuestro cuerpo no puede descomponer son fermentados por la microbiota, produciendo ácidos grasos de cadena corta que nutren las células del intestino.
  2. Refuerza el sistema inmunitario: La microbiota entrena nuestras defensas para distinguir entre microorganismos peligrosos y los que no lo son.
  3. Produce vitaminas y sustancias beneficiosas: Entre ellas, la vitamina K y algunas del grupo B.
  4. Influye en el estado de ánimo: Existe el llamado eje intestino-cerebro; algunos neurotransmisores, como la serotonina, se producen en gran parte en el intestino.

La microbiota es sensible a nuestros hábitos. Una dieta rica en ultraprocesados, el estrés crónico, la falta de sueño o el abuso de antibióticos pueden alterar su equilibrio. Esto se conoce como disbiosis, y puede llevar a problemas como:

  • Hinchazón y molestias digestivas.
  • Fatiga crónica.
  • Mayor susceptibilidad a infecciones.
  • Inflamación de bajo grado que se relaciona con enfermedades metabólicas y autoinmunes.

Aquí tienes un ejemplo de menú diario que favorece una microbiota diversa y saludable:

Desayuno

  • Yogur natural o kéfir con frutos rojos, semillas de chía y avena integral.
  • Té verde o infusión.

Media mañana

  • Fruta fresca (manzana, pera o plátano) + un puñado de frutos secos.

Comida

  • Ensalada de hojas verdes con zanahoria, remolacha y aguacate.
  • Lentejas guisadas con verduras.
  • Pan integral.

Merienda

  • Hummus con bastones de zanahoria o pepino.

Cena

  • Pescado a la plancha con brócoli al vapor y quinoa.
  • Yogur o kombucha.

Consejo extra: Varía los vegetales y legumbres a lo largo de la semana para dar a tu microbiota más diversidad de nutrientes.

  • Aliméntate con variedad: Incluye frutas, verduras, legumbres y cereales integrales para dar de comer a las bacterias beneficiosas.
  • Consume alimentos fermentados: Yogur, kéfir, chucrut o kombucha aportan probioticos naturales.
  • Reduce el estrés: Practicar meditación, deporte o simplemente descansar ayuda a mantener el equilibrio intestinal.
  • Evita el abuso de antibióticos: Únicamente bajo prescripción médica.
  • Duerme bien: El sueño regula muchos procesos del organismo, incluida la microbiota.

Cada persona tiene una microbiota tan particular como su huella dactilar. Por eso, lo que funciona para uno puede no ser ideal para otro. Cuidarla es una forma de autocuidado personalizado.

Conclusión: La microbiota intestinal es una gran aliada para mantenernos sanos. Prestar atención a lo que comemos, a cómo manejamos el estrés y a nuestros hábitos de vida puede marcar una gran diferencia en cómo nos sentimos cada día. Cuidarla es cuidar de ti mismo desde dentro.

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