La dieta paleo, también conocida como dieta paleolítica o “dieta del hombre de las cavernas”, ha ganado popularidad en los últimos años como una forma de alimentación basada en lo que supuestamente comían nuestros ancestros cazadores-recolectores. Pero ¿es realmente saludable? ¿Para quién está indicada? Vamos a descubrirlo paso a paso, con un lenguaje claro y práctico.

La dieta paleo se basa en la idea de que nuestro cuerpo está genéticamente adaptado a los alimentos disponibles durante el Paleolítico, antes del desarrollo de la agricultura y la industria alimentaria. Por eso, promueve consumir principalmente:

  • Carnes magras
  • Pescados y mariscos
  • Frutas y verduras
  • Frutos secos y semillas
  • Huevos

Y elimina o limita al máximo:

❌ Cereales (trigo, avena, arroz, maíz…)
❌ Legumbres (lentejas, garbanzos, frijoles…)
❌ Lácteos
❌ Alimentos procesados, azúcares y aceites refinados

La teoría paleolítica sostiene que muchas enfermedades actuales (obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares) son consecuencia de alejarnos de la alimentación para la que estamos diseñados. Volver a una dieta más “natural” podría disminuir inflamaciones, mejorar la digestión y regular el peso.

Sin embargo, es importante entender que, aunque inspiradora, esta visión es una simplificación histórica: los paleolíticos no comían igual en todo el mundo y su esperanza de vida era mucho menor.

Una de sus mayores ventajas es el rechazo absoluto a alimentos procesados, azúcares añadidos, grasas trans y comida rápida.

Fomenta el consumo de alimentos frescos, ricos en vitaminas, minerales y antioxidantes.

Al centrarse en proteínas y grasas saludables, genera saciedad y puede reducir la ansiedad por comer.

Al eliminar carbohidratos de rápida absorción y azúcares, puede ayudar a estabilizar el nivel de glucosa en sangre.

Eliminar cereales, legumbres y lácteos puede llevar a déficits de calcio, fibra y ciertos micronutrientes si no se planifica bien.

Consumir carnes magras, pescados y frutos secos de forma habitual puede elevar el gasto en alimentos.

La rigidez de sus normas hace que muchas personas abandonen la dieta por considerarla poco práctica.

Aunque hay beneficios documentados, también hay controversias. No se ha probado que sea superior, a largo plazo, a otras dietas equilibradas como la mediterránea.

✔️ Personas que buscan perder peso reduciendo azúcares y ultraprocesados
✔️ Individuos con inflamación intestinal o intolerancias alimentarias (gluten, lactosa)
✔️ Deportistas que desean mejorar su composición corporal
✔️ Personas que prefieren una alimentación “limpia” y natural

⚠️ Podría no ser adecuada para:

  • Veganos o vegetarianos (por su énfasis en proteína animal)
  • Personas con riesgo de osteoporosis (por ausencia de lácteos)
  • Individuos con historial de trastornos alimentarios (por lo estricta que puede llegar a ser)
  • Tortilla de 2-3 huevos con espinacas y champiñones
  • Un puñado de frutos del bosque (arándanos, fresas)
  • Puñado de almendras o nueces
  • 1 pieza de fruta (manzana o pera)
  • Pechuga de pollo a la plancha
  • Ensalada grande: lechuga, rúcula, aguacate, tomate y aceite de oliva virgen
  • Agua o infusión
  • Zanahorias o apio con guacamole casero
  • Salmón al horno con especias
  • Verduras asadas (calabacín, pimiento, brócoli)

Algunas personas adoptan variantes menos estrictas, como:

  • Paleo 80/20: seguir la dieta el 80% del tiempo, con un 20% libre.
  • Paleo + lácteos fermentados: permite yogur griego o kéfir.
  • Paleo moderna: incluye pseudocereales como quinoa o amaranto.

Estas versiones son más fáciles de mantener y reducen riesgo de carencias.

Planifica tus compras: Prioriza frutas, verduras y proteínas magras.
Cocina en casa: Es clave para evitar procesados.
Asegura fibra: Aumenta el consumo de verduras y frutas para sustituir la fibra de cereales y legumbres.
Hidrátate bien: Agua, infusiones y caldos caseros.
Consulta con un profesional: Si tienes patologías previas, no inicies cambios drásticos sin asesoramiento.

La evidencia científica sobre la dieta paleo muestra algunas mejoras metabólicas a corto plazo, como disminución de glucosa o triglicéridos. Sin embargo:

  • Los estudios son de corta duración.
  • No está claro si es superior a dietas equilibradas menos restrictivas.
  • Los beneficios pueden venir simplemente por evitar ultraprocesados.

La dieta paleo puede ser una herramienta útil para quienes desean adoptar una alimentación más natural y reducir azúcares y procesados. Sin embargo, su rigidez y la exclusión de ciertos grupos alimentarios la convierten en una opción que no es válida para todos.

Lo más importante no es comer como nuestros ancestros, sino encontrar un estilo de alimentación sostenible, equilibrado y compatible con nuestra vida actual.

Scroll al inicio